Peregrinar: de lo sagrado a uno mismo

Peregrinar: de lo sagrado a uno mismo

Durante siglos, peregrinar fue un acto profundamente religioso.

Pellegrini Caminar hacia un lugar sagrado implicaba mucho más que un desplazamiento físico: era una forma de transformación interior. Rutas como el Camino de Santiago u otros caminos parecidos han sido recorridas por millones de personas en busca de redención, sentido o encuentro con lo trascendente.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el peregrinaje ha ido ampliando su significado. Hoy seguimos caminando… pero no siempre hacia lo sagrado en el sentido tradicional.
En mi propio camino, he descubierto que también existen otros lugares que funcionan como estaciones de una peregrinación distinta, más íntima y cultural.
Recuerdo mi visita a la casa de Freud en Viena. No fue una visita cualquiera.

Casa de Freud un destino donde peregrinarFreud tuvo mucho que ver con mi decisión de estudiar psicología. Estar allí, en el espacio donde desarrolló buena parte de su pensamiento, tuvo para mí un significado especial, casi iniciático. No había reliquias en el sentido religioso, pero sí una profunda sensación de estar ante un lugar fundacional del conocimiento de la mente humana. El silencio, la observación, el respeto… todo evocaba una forma distinta de recogimiento.
Algo parecido —aunque en un registro más existencial y literario— sentí en , recorriendo los paisajes ligados a Katzanzakis.

tumba de Katzantzakis Fue un autor que me influyó considerablemente, especialmente a través de «Zorba el griego» y  «El pobre de Dios». En sus obras hay una tensión constante entre espíritu y materia, entre libertad y responsabilidad, entre la búsqueda de Dios y la afirmación de la vida. Caminar por su tierra tenía algo de diálogo silencioso con esas preguntas que también han sido, en parte, mías.
Estos viajes no sustituyen a los peregrinajes tradicionales. Más bien los amplían.
Porque también he caminado por sendas profundamente marcadas por lo espiritual: los caminos de Santiago, las huellas de San Francisco, los itinerarios vinculados a San Benito.

peregrinar a Santiago Y en ellos hay algo que permanece constante: el ritmo del paso, el cansancio, el silencio, la apertura a lo inesperado.
Lo interesante es que esa misma estructura —camino, destino, transformación— aparece también en estos otros “peregrinajes laicos”.
Hoy peregrinamos a lugares donde vivieron artistas, pensadores o escritores. Visitamos escenarios de películas, ciudades que han marcado nuestra imaginación, espacios que sentimos como significativos aunque no sean sagrados en el sentido religioso.

la via Francigena un camino histórico
Pero, en el fondo, todos esos caminos apuntan en una misma dirección.
Porque, con los años, uno comprende que el verdadero destino no está fuera.
Que ni , ni Asís, ni Roma, ni Viena, ni Creta son el final del camino.
Son, en todo caso, espejos.
Señales.
Excusas necesarias.
El verdadero peregrinaje es otro.
Es el que va despojando, paso a paso, de lo superfluo. El que obliga a convivir con el silencio. El que confronta con las propias preguntas sin respuesta. El que, a través del cansancio y la repetición del gesto de caminar, va abriendo un espacio nuevo dentro de uno mismo.
Peregrinar, al final, es dirigirse hacia dentro.
Hacia ese lugar donde se cruzan la memoria, el deseo, la duda y el sentido.
Y quizá por eso seguimos caminando.
Porque, aunque cambiemos de rutas, de paisajes o de motivos, lo que realmente buscamos no está en el destino.
Sino en nosotros mismo.

1 thought on “Peregrinar: de lo sagrado a uno mismo

  1. Precioso Carlo 🙏🏻

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