Luz en las tinieblas 🇪🇸 (ES)

Luz en las tinieblas: relato por Carlo De Amicis

Cuando la tristeza sacude mi corazón,
escucho, miro, y camino
con tu sonrisa en mi mente y tu dolor
en mi memoria y lamento
mis fallos y mi torpeza extrema.

Cuando la tristeza visita mi alma, cantan las cotorras
sobre las palmeras y abrazo
la nada y hacia la nada sigo caminando
sonriendo al sol y a la mar,
en paz y en guerra al mismo
tiempo con mi vida, con mi
soledad.
Y sonriendo lloro aquello que pudo ser,
que tal vez podría ser
que sin duda debía ser.
Perdido camino, sin rumbo.

 

Abrazo
Luz y tinieblas acompañan nuestras vidas

Sin rumbo camino, con mis recuerdos dulces, sobrecogido por el miedo.
Me cantan una nana mañanera las monótonas olas de este extraño otoño.
Que hermosa eres en mi mente, que hermosa…
Y cuán dolorosa tu ausencia.

«Que sigan cantando las olas de nuestro mar, que sigan cantando su himno a la vida,
vida que parece huir de mí, hoy».

Desde lejos, oigo un canto de sirena
«Átenme por favor grito – no sea que el mar me invite al olvido y a la nada, a perderme eternamente en su oleaje. ¡No! No! ¡No!»

No, no era una sirena la que cantaba
Era una sombra, su sombra que entonaba con dulzura una bella melodía.
«No te rindas, hijo de la luz – me susurra – no te rindas, que

son aún muchas las personas que te necesitan, y este mundo herido te necesita»

«No te rindas, hijo de la luz, eres un faro, un minúsculo faro, rodeado por la oscuridad absoluta.

Mano

Pero, no apagues tu luz, te suplico, y no le temas a la noche, pues eres un faro hermoso y sabes que a más de un navegante has salvado»

Después calló su sombra y sólo quedaba la noche a mi lado, una noche oscura.

«¿Adónde iré ahora? – pensé – ¿Cómo encontraré el camino?«

De repente divisé, a cierta distancia, la tenue luz de dos velas abrazándose
Caminé hacia ellas eran dos velas puestas en una tarta de manzana en la que alguien había escrito «Irma y Luigi».

Saboreé aquella tarta exquisita y más velas aparecieron para guiar mi caminar. Recuerdo sólo algunos de los nombres escritos en las velas
Anna, Silvio, Ginevra, Mario, Paola Ana, Giovanni Beatrice Saverio, Carmen, Alessandra, Florencio, Rosa, , Francesco, Socorro, Miguel, Ana Mari, Silvano, Elena, Emmanuele.
Velas tras velas, nombre tras nombre hice un largo camino, mientras un remolino de emociones y de recuerdos pasaban por mi alma.

La última vela estaba cerca de un Edelweiss. Me detuve para contemplar la belleza de aquella flor, de aquella Estrella de los Alpes.
Fue en aquel momento que, tras las montañas, que me rodeaban asomó su cara hermano Sol alumbrando aquellos montes pálidos.

Luz en la montaña

Estaba en la cima de una montaña, había sido guiado por pequeñas velas, por un sendero peligroso y había llegado allí, donde el Sol y una rara nube con forma de alcachofa parecían sonreírme, así que me dije a mismo «what a wonderful world.

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