Coronavirus y ajedrez 🇪🇸 (ES)

Coronavirus y ajedrez: nos cuesta entender lo que está pasando en estos días. He estado leyendo mucha información sobre la crisis de coronavirus, y he intentado discernir la en que puedo confiar de los innumerables bulos que están circulando. Soy psicólogo y no virólogo, así que no me permitiría nunca escribir nada en plan experto sobre este tema. Casi ninguno somos expertos y, sin embargo, todos tenemos que tomar decisiones sobre la forma en la que queremos afrontar esta pandemia. Lo que sigue es un cuento en el que imagino como le explicaría a una niña las decisiones que yo he tomado. Si te resulta interesante mi reflexión, te agradezco que dejes comentarios.

coronavirus

DOS BOMBEROS ANÓNIMOS

Papá ¿nos vamos a morir por culpa del coronavirus?

– No, hija mía, de eso no.

¿Y tu cómo lo sabes?

– Por estadísticas y por una bruja, mi vida.

– No entiendo papi, explícamelo por favor.

– Las estadísticas dicen que este virus se porta bien con los niños, y a mi hace años una bruja me predijo que me moriría con ciento y cincuenta años, y de risa además. Sabes Anita, no tienes que tener miedo: no soy médico, pero dicen que la mortalidad de este virus no es tan alta y que en la mayoría de las personas no les provoca más molestias que una normal gripe.

– En la mayoría ¿y en las demás personas?

– En personas muy mayores, en personas con otras enfermedades, a personas con las defensas bajas y a las personas que tienen mala suerte les puede provocar una neumonía muy grave, de la que se pueden morir.

– ¿Se va a morir el abuelito?

– Antes de morirse tiene que acabar de escribir su novela, y sólo va por el segundo capítulo…

– Me alegro papi, que le quiero mucho. Pero, me tienes que explicar, si los niños no nos vamos a morir ¿por qué mañana no hay cole?

– La culpa la tiene el ajedrez.

coronavirus y ajedrez

– ¿Qué tiene que ver el ajedrez?

– Ahora te cuento una historia real. Erase una vez un rey que se llamaba Sheram y que reinaba en cierta parte de la India. Sheram tenía un hijo, al que quería mucho. Un día, los dos fueron a una guerra, para defender a sus súbditos de una invasión de un pueblo muy malvado. Ganaron la guerra, pero en una batalla el hijo de Sharam murió luchando heroicamente.

РQu̩ pena.

– Mucha pena. El rey Sheram estaba tan apenado, que nada de lo que le ofrecían sus súbditos lograba alegrarle.

– Pobrecito.

– Su tristeza duró muchos años, hasta que, un día, un tal Sissa se presentó en su corte, pidiendo audiencia al rey.

– ¿Y qué pasó ?

– Pasó que Sissa le presentó al rey un juego que, dijo Sissa, conseguiría divertirle y alegrarle de nuevo. Y efectivamente así fue. El rey Sheram se puso a jugar y se sintió maravillado: jugó una y otra vez y su pena disminuyó mucho. Fue un gran logro el de Sissa. Lo consiguió con un juego y ese juego era el ajedrez. El rey estaba tan agradecido que le dijo a Sissa que podía pedirle de recompensa lo que deseara. Le recordó lo rico que era, para que entendiera que podía cumplir cualquier deseo que pidiera. Después de pensar largamente, Sissa dijo que quería que el rey le entregara un grano de trigo por la primera casilla del tablero del ajedrez. Por la segunda casilla, dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32…y así hasta llegar a la casilla 64.

– Qué recompensa más mísera pidió, papá.

– Eso mismo pensó el rey, que en un primer momento se sintió ofendido por una petición tan pobre. Pero, su gratitud era tan grande que decidió hacer lo que el hombre le pedía.

– Espera papi que calculo cuántos granos de trigo le dio.

– Tú calcula, hija, que yo sigo contando la historia. El rey ordenó a sus servidores que sacarán un saco con el trigo que el hombre había pedido. El rey estuvo esperando un largo tiempo, hasta que el matemático de corte pidió hablar con él. Dijo al rey que no podían ejecutar sus órdenes, puesto que ni en todos los graneros del mundo se podía encontrar tal cantidad de trigo. Para exaudir la petición de Sissa hubieran hecho falta Dieciocho trillones cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones setenta y tres mil setecientos nueve millones quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince, es decir 18.446.744.073.709.551.615.

– Que enormidad papi, pero ¿qué tiene que ver eso con el coronavirus?

– Tiene mucho que ver, te lo explico. Cuando te dije la recompensa que Sissa había pedido te había parecido una miseria ¿No es así ?

– Es cierto.

– Bueno, con este virus pasa algo parecido. Imagínate que tu padre se infecta de este virus, han calculado que antes de darme cuenta de ello habría infectado 2,5 personas.

-Pero papá, las personas no tenemos decimales …

– Es cierto, las personas no se calculan en decimales; pero, si 10 personas infectan a 25, se calcula que cada una infecta 2,5, aunque en la realidad una habrá infectado 3, otra 2 otra 1 otra 5, etc. Si te digo que yo podría infectar a 2 o 3 personas eso parece poco, pero cada una de ellas infectaría entre 2 y 3 personas, cada una de las cuales podría infectara su vez a otra 2 o 3…

– Se parece un poco a lo de los granos de trigo, es cierto.

-Veo que lo vas entendiendo, no lo dudaba Anita, que eres una chica lista. ¿te acuerdas que en las 64 casillas del tablero la secuencia de los granos de trigo era 1-2-4-8-16-32-64 … si en las casillas pusiéramos personas positivas al virus la secuencia sería con toda probabilidad sería 1-2,5-5-10-20-40-80 …

-Sería mucha gente papá …

– Demasiadas personas, demasiadas personas cono para que todas las personas afectadas pudieran recibir un tratamiento que aumentara su probabilidad de sobrevivir. Muchos abuelos, muchos, padres, muchos hermanos, muchas personas con las defensas bajas o con mala suerte y también médicos, enfermeros, auxiliares, fallecerían; y eso no debido a la gravedad de la enfermedad, sino a la imposibilidad de ofrecerles a todas el mejor tratamiento.

– Qué triste sería.

-Muy triste, hija, pero eso no va a pasar, no si conseguimos ralentizar la difusión del coronavirus. Y eso podemos hacerlo si todos y cada uno nos responsabilizamos, si hacemos unas cosas muy sencillas. Si reducimos los contactos entre personas va a ser más difícil que se contagien demasiadas personas. Por esta razón han cerrado los colegios, y por esta misma razón he decidido que el abuelito sólo lo veremos por skype, tampoco iré al gimnasio ni a los bares y restaurantes. Ten paciencia Anita si durante un tiempo no te llevaré al parque ni a la academia, ni a cumpleaños

-Que rollo, papá.

– Es cierto, cielo, es un rollo, además tendremos que lavarnos mucho las manos y evitar dar besos o apretones de mano para reducir el riesgo de contagio de este maldito coronavirus. Pero, te prometo que cuando esto se acabe, y será pronto, vamos a hacer una fiesta muy grande, para vivir felices y comer perdices.

bomberos

– Eso mola papuchi.

– Mola mucho, y aun más mola pensar que tú y yo habremos ayudado a salvar vidas.

– ¿Salvar vidas como dos bomberos?

– Si hija, como dos bomberos, dos bomberos anónimos. Duerme bomberita, aunque no tengas cole mañana, hay que mantener las rutinas; además yo mañana madrugo, que tengo que ir a trabajar.

– ¿Me prometes que tendrás cuidado con ese virus tonto y malo?

– Tendré mucho cuidado, chiqui, que quiero ayudar a la bruja para que su profecía se cumpla. Este tonto de coronavirus no va a poder con tu padre, ni con esta tierra en la que vivimos, le vamos a ganar, te lo prometo, y duerme mi amor.

– Buenas noches papi, venceremos, sin duda venceremos

– Buenas noches y que duermas con los angelitos Anita.

Carlo De Amicis

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2 thoughts on “Coronavirus y ajedrez 🇪🇸 (ES)

  1. 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻Es lo más sensato que he leido sobre este virus,yo tengo un factor alto de riesgo,y sabiendo bien lo que hay que hacer,podemos realmente salvar vidas,si nos quedamos en casa.Y hacemos las cosas bien,no hay nada más importante que la prevención,y estar bien informados.Gracias Carlo,es una,manera maravillosa de entenderlo,a través del cuento,un saludo enorme,y entre todos venceremos!!!!💪🏻💪🏻💪🏻

    1. Me alegro Rosa de que te gustara este artículo. Eres una gran mujer, y verás que esto pasará. Un abrazo.

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